Es probable que no estés familiarizado con los términos “caseum” o “tonsilolitos”, ya que rara vez se utilizan en las conversaciones habituales de la mayoría de las personas. Sin embargo, es posible que tú o algún conocido tuyo, hayáis sufrido de lo que también se conoce como cálculos en las amígdalas. Estos generan dolor, molestias y otras consecuencias desfavorables en el área de la garganta.

Se trata de una afección muy común en personas de todo el mundo y se calcula que entre el 14 % y el 15 % de la población mundial la ha padecido. La enfermedad resulta fácilmente apreciable para los profesionales especializados en salud bucodental, a través de la utilización de dispositivos que permiten mover los pilares del velo del paladar. No obstante, puede ocurrir que muchas de las personas que sufren esta condición, no sean conscientes de su presencia, salvo por la excepción de algunos síntomas que se asocian a ella.

Este tipo de dolencia se produce por influencia de algunas bacterias u otros microorganismos, que generan lesiones blanquecinas o amarillentas de unos pocos milímetros de longitud sobre las amígdalas, ocasionando dolor en el área circundante y mal aliento. Por lo general, suelen ser molestas, pero no implican problemas importantes para la salud si se tratan bajo la supervisión de un médico u otro especialista del sector sanitario.

¿Cómo se producen los tonsilolitos?

Estas pequeñas formaciones se generan a través de la inhalación de bacterias y gérmenes presentes, normalmente, en la atmósfera. También se dan por la acción de microorganismos que se hallan en restos de comida o en los mocos de la persona. Asimismo, puede evidenciarse la presencia de otros tipos de elementos residuales de nuestro organismo, tales como restos de queratina (proteína presente en la epidermis) o escamas epiteliales.

Los cálculos en las amígdalas ocurren cuando estos cuerpos extraños ingresan en los pliegues que recubren el tejido. Tras fijarse sobre ellos, causan inflamación y enrojecimiento de las áreas adyacentes.

Cualquier persona es susceptible de padecer tonsilolitos, con independencia de su estilo de vida, pero suelen presentarse de modo recurrente en aquellas que acostumbran a ingerir alimentos que propician la generación de contenido mucoso (sustancias frías, grasas, ácidos, frituras…). Por otra parte, se ha asociado el hábito del tabaquismo con una mayor presencia de este tipo de lesiones. Aunque una adecuada higiene oral puede disminuir la posibilidad de sufrir dicha afección, no siempre es suficiente para prevenirla.

Principales síntomas del caseum

Aparte de la presencia de cálculos pequeños de tonalidad blanquecina o ligeramente amarilla en las amígdalas, existe un conjunto de síntomas que pueden evidenciar la presencia de esta alteración, entre los que tenemos los siguientes:

  • Halitosis o mal aliento, como producto de la acumulación de bacterias, restos de comida o tejido cutáneo.
  • Sensación de presencia de un cuerpo extraño en la garganta, lo que genera incomodidad.
  • Dolor de garganta.
  • Dependiendo de la magnitud de la afectación, puede provocar dolor en el canal auditivo.
  • Presencia de infecciones en las amígdalas o en el extremo superior de la garganta.
  • Dificultad a la hora de ingerir alimentos, en virtud de la inflamación amigdalar y de los tejidos cercanos.

Por lo general, los síntomas suelen producir tanto molestias como dolor leve en las fases iniciales de la infección, pero estas sensaciones se pueden magnificar si no se atiende el malestar en el momento de su comienzo. De igual modo, existe una relación directamente proporcional entre el tamaño de los cálculos y el nivel de molestia, por lo que a mayor tamaño de estas calcificaciones, más incomodidad.

En algunos casos, sucede que personas que cuentan con la presencia de tonsilolitos no padecen ningún tipo de síntoma o afectación. 

¿Cómo diagnosticar el Caseum?

Normalmente se puede diagnosticar la existencia de tonsilolitos al solicitar al paciente que abra su boca y extienda la lengua a su máxima capacidad. Esto ocurre, principalmente, cuando las lesiones se encuentran en la cara frontal de las amígdalas, lo que permite que el especialista pueda identificar la condición rápidamente, observando el último tramo visible de la garganta.

No obstante, en algunos casos, resultará necesario utilizar un instrumento romo para alzar el velo del paladar, así como rotar ligeramente las amígdalas, para apreciar la presencia de caseum en lugares de difícil acceso como, por ejemplo, las partes posteriores de dichas estructuras o algunos de sus costados.

El médico también podrá solicitar la realización de tomografías computarizadas, mediante las cuales confirmará la presencia de este tipo de formaciones cálcicas.  Dependiendo de las características de los cálculos y de su ubicación, el odontólogo sugerirá una o más acciones para eliminarlos de nuestro organismo.

Tratamiento para el Caseum

En muchos de los casos leves de tonsilitis, las lesiones pueden revertirse sin ningún tipo de intervención por parte de los afectados o sus médicos tratantes. En estos casos, las capacidades inmunológicas del organismo permiten que esas formaciones se desprendan de los pliegues de las amígdalas, por lo que no se requieren medidas adicionales.

Otra opción muy utilizada por muchos especialistas en el área de la salud, consiste en apoyar el funcionamiento del sistema de defensas naturales de los afectados, empleando algunos medicamentos que pueden reducir las consecuencias más molestas que se derivan de esta patología, como lo son el dolor y la inflamación amigdalar. Para lograr este efecto, suministran al paciente algún tipo de antiinflamatorio no esteroideo (AINE), como paracetamol o ibuprofeno.

Algunas de las personas que padecen tonsilitis, pueden intentar presionar las amígdalas con algún tipo de instrumento no punzante, con el fin de desprender mecánicamente dichas lesiones. En determinados casos, esto puede resultar efectivo para lograr el objetivo planteado, pero también podría generar complicaciones adicionales al ingresar otras bacterias nocivas a sus bocas. En consecuencia, se contraindica la utilización de esta clase de medidas y se recomienda consultar a un odontólogo.

Si los resultados de los análisis realizados a las lesiones determinan la presencia de bacterias nocivas, resulta muy probable que el especialista recomiende la ingesta de antibióticos durante un tiempo definido. Cuando esto ocurre, el médico deberá prescribir el medicamento que resulte más eficaz para el tipo específico de bacterias que están generando la infección.

En los casos en los que se haya comprometido gran parte del tejido de las amígdalas, será necesario aplicar medidas quirúrgicas para la remoción total o parcial de esas estructuras. Este tipo de solución, solo debe aplicarse cuando la proliferación de los tonsilolitos pueda representar un gran peligro para la salud del paciente. 

Clínica Maiquez: cuidamos de tu salud bucodental

Como hemos podido observar, los cálculos en las amígdalas no suelen ser peligrosos, pero pueden generar consecuencias negativas en otros campos como, por ejemplo, la socialización de un individuo a causa de la presencia de halitosis. Por otra parte, pueden condicionar negativamente la realización de procesos cotidianos, como ingerir alimentos o tomar determinados tipos de bebidas.

Si presentas alguno de los síntomas arriba descritos o algún otro signo de esta u otra enfermedad, te invitamos a consultarlo con tu odontólogo de confianza y evitar la automedicación o la toma de acciones distintas a las recomendadas por el especialista.

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