La mandíbula cumple una función primordial en el proceso del masticado de alimentos. Esta otorga el soporte necesario para que nuestros dientes puedan desmenuzar las porciones grandes y convertirlas en trozos más pequeños, con el fin de facilitar su digestión. Por otra parte, es una estructura que nos garantiza una adecuada comunicación oral, pues nos permite abrir y cerrar la boca para modular sonidos y darnos a entender correctamente. 

Este hueso en forma de herradura, que se ubica justamente debajo del maxilar superior, es responsable en gran medida de la forma de nuestra cara. Aspectos como su tamaño, posición y ángulos, pueden incidir de manera determinante en el atractivo de nuestros rasgos faciales. Según los especialistas en estética, una mandíbula definida y marcada, que permita diferenciar fácilmente el cuello de la cara, dota de una apariencia más juvenil y fresca.

En el ámbito de la odontología, la ortodoncia y otras ciencias asociadas al cuidado de la salud oral, se valoran positivamente las acciones orientadas a preservar el correcto funcionamiento de esta estructura, así como a mejorar su apariencia. Por ello, en la actualidad existe una gran cantidad de tratamientos para corregir la mayoría de los trastornos que pueden presentarse, regenerar los tejidos que pudieran resultar afectados y armonizar la estética facial.

Características de la mandíbula

La mandíbula se conforma por un único hueso, de gran dureza y densidad, que cuenta con unos orificios denominados alvéolos, en los cuales se cimientan las raíces de las piezas dentales. Tiene, además, dos ramas ascendentes en los extremos laterales, que vinculan a dicha estructura con la base del cráneo. En el punto más bajo de su cara frontal, se presenta una protuberancia que conocemos como “mentón”.

Este componente óseo cuenta con la presencia de varios músculos y ligamentos, que en conjunto conforman la denominada “articulación temporomandibular” (ATM). Dichos elementos anatómicos permiten que la mandíbula pueda movilizarse con versatilidad, en sentido horizontal y vertical, así como proyectarse hacia adelante o atrás. Todos ellos son movimientos muy necesarios para los procesos del habla, deglución de alimentos y masticado.

Alteraciones o afecciones de la mandíbula

Podemos encontrarnos con un conjunto de condiciones que en ocasiones afectan al adecuado funcionamiento de la mandíbula, así como a su aspecto visual, en función de irregularidades estructurales o afecciones importantes. A continuación, reseñamos las más comunes:

Forma y posición de la mandíbula

Agrupamos en esta categoría las principales alteraciones que pueden presentarse en la forma de la mandíbula, fruto de traumatismos o condiciones congénitas.

En primer lugar, tenemos el prognatismo mandibular, también conocido popularmente como “mordida invertida”, que se presenta cuando las piezas dentales del maxilar inferior se ubican por delante de sus similares superiores. Esto puede ocurrir cuando la mandíbula es muy prominente, el maxilar superior muy pequeño, o existe una combinación de ambos aspectos.

Otra alteración muy frecuente relacionada con el tamaño y posición de la mordida, es el que se describe como retrognatia mandibular. Este trastorno se presenta cuando la mandíbula es muy pequeña, lo que produce que quede muy atrás a la hora de cerrar los dientes, en comparación con la dentadura superior. Esto provoca que el mentón retroceda con respecto a la posición normal, generando un efecto de concavidad.

Una condición menos frecuente que los casos anteriores, pero de importantes efectos sobre la funcionalidad y estética de quienes la padecen, es la mordida abierta. En este caso, ocurre que la forma de los maxilares permite el contacto de los molares, pero impide que los dientes frontales cierren adecuadamente. Al ocurrir esto, la cara del paciente se aprecia inusualmente alargada.

Las asimetrías en la mandíbula tienen importantes repercusiones en la estética facial, pero también pueden llegar a generar consecuencias clínicas no deseadas. La principal causa que subyace a la presencia de esta deformidad dentoesquelética, está relacionada con un proceso de desarrollo y crecimiento óseo inadecuado.

Para corregir este tipo de problemas, en ocasiones bastará con la utilización de aparatos ortodóncicos. No obstante, cuando la alteración resulta muy significativa, es probable que el paciente deba ser sometido a intervenciones quirúrgicas, que pueden contemplar la remoción o reubicación de porciones de hueso.

Enfermedades que afectan a la mandíbula

En este apartado, hacemos mención a las alteraciones más frecuentes que se pueden presentar, como consecuencia de la exposición a elementos externos o por predisposición genética.

Los trastornos de articulación temporomandibular contemplan un conjunto de alteraciones muy comunes, que pueden dificultar el movimiento de la mandíbula o generar molestias cuando este se lleva a cabo. Dichas condiciones pueden contar con una gran variedad de causas, pero se caracterizan por la presencia de dolor en la mandíbula al intentar abrir o cerrar la boca, rigidez en los músculos de la zona y rechinamiento de dientes.

Cuando existen casos avanzados de periodontitis, es muy probable que la infección que se da en las encías como producto de la proliferación de bacterias, pueda trasladarse a la mandíbula, afectando severamente a la integridad de su estructura. En ocasiones, puede destruir parte del hueso alveolar, produciendo el aflojamiento o caída de piezas dentales.

La osteomielitis es una afección capaz de ocasionar graves daños óseos, si no se trata a tiempo, y se produce cuando algunos tipos de bacterias y hongos logran acceder al torrente sanguíneo, infectando los huesos o la médula de una persona. Esto puede generar gran dolor e inflamación en el área de la mandíbula y, en los casos más severos, incluso provocar que gran parte del tejido óseo perezca.

La artritis puede llegar a afectar a gran parte de las articulaciones de nuestro cuerpo, generando un dolor intenso, edemas y limitación del movimiento. Existe la posibilidad de que esta condición también afecte a nuestra mandíbula, causando todas las molestias antes indicadas en el área, pero incluso llegando a alterar la forma del hueso en los casos más severos.

Estas alteraciones podrán requerir tratamientos de naturaleza muy diversa, abarcando desde el suministro de medicamentos hasta complejas cirugías. En algunos casos, se podrá restablecer por completo la salud del paciente, pero en otros, solo se podrá intervenir para mitigar los síntomas más molestos o incapacitantes.

Cuidados para tu mandíbula

La prevención es la mejor forma de proteger la salud de nuestras mandíbulas y garantizar que funcionen de un modo óptimo por más tiempo. Por ello, te sugerimos mantener una adecuada higiene oral, que permita evitar la proliferación de microorganismos nocivos, tales como los que se asocian a las caries y a otros tipos de enfermedades bucodentales.

Asimismo, te recomendamos no forzar tu mandíbula al masticar alimentos muy duros, ya que esta acción puede traducirse en un funcionamiento inadecuado de los ligamentos o músculos encargados del movimiento.

De igual modo, te animamos a acudir con frecuencia a consulta con tu odontólogo o especialista en salud bucal. De este modo, podrás informarte sobre las mejores prácticas que debes aplicar en tu día a día y despejar las dudas que te surjan sobre las enfermedades más comunes, así como los tratamientos más indicados para cada situación.

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