Una parte importante de las consultas odontológicas se deben a molestias o enfermedades que aparecen en órganos o tejidos distintos a los que se encuentran en el interior de la boca, pero que afectan de modo determinante su funcionamiento y estética. Asimismo, existen afecciones bucodentales que pueden extenderse y afectar a varias partes de nuestro cuerpo.

En ocasiones, el correcto abordaje de una patología que causa repercusiones indeseadas sobre nuestra salud oral requiere de la atención de odontólogos y cirujanos maxilofaciales, así como de profesionales de otras áreas sanitarias que se involucren, tanto en el diagnóstico como en las opciones terapéuticas necesarias para hacer frente a dicha alteración.

De hecho, es muy común que los enfoques transdisciplinarios se apliquen para identificar o buscar la mejor manera de actuar ante una enfermedad o alteración. Esto sucede cuando estas pueden derivarse de una gran cantidad de potenciales causas o al existir complicaciones significativas que comprometen a dos o más estructuras anatómicas. En este contexto, cada profesional aportará sus impresiones y buscarán llegar a conclusiones y vías de acción conjuntas.

Uno de los casos en los que suele haber interacción entre especialistas en salud bucodental y otras ramas médicas es en la apnea. Esta condición es muy común, por lo que es posible que, si no la padeces o la has padecido en algún momento de tu vida, conozcas a alguien que presente sus síntomas. Con la intención de ayudarte a saber más sobre esta alteración te explicaremos sus características más importantes.

¿Qué es la apnea?

La apnea abarca un conjunto de alteraciones que afectan al sistema respiratorio y causan la suspensión temporal e involuntaria de los procesos de inhalación y exhalación de aire, o hacen que la respiración sea muy superficial e insuficiente. Estas dos variantes ocurren principalmente cuando la persona se encuentra durmiendo en la fase del sueño de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés). En ese estado, la apnea está motivada por la relajación que se produce sobre los músculos de la faringe y las áreas próximas.

Esta enfermedad puede presentar distintos niveles de severidad y con frecuencias que pueden variar. De hecho, se ha establecido que si se dan entre cinco y quince paradas respiratorias por hora existe una apnea leve; si dichas interrupciones ocurren entre dieciséis y treinta veces por hora, estaremos ante una apnea moderada; cuando exceden de las treinta por hora, pasamos a considerarla una apnea grave.

Tipos de apnea

La medicina ha determinado que existen tres tipos principales de apneas según la parte de las vías respiratorias en la que se produce el bloqueo del flujo de aire. En tal sentido, tenemos: la apnea obstructiva del sueño (AOS), que se genera en la nariz y garganta; la apnea central del sueño (ACS), derivada de un funcionamiento inadecuado del sistema nervioso o circulatorio; y la apnea mixta del sueño (AMS), que se presenta cuando conviven las variedades obstructiva y central de la enfermedad.

Se estima que cerca del 80 % de los casos de apnea está relacionado con problemas de inhalación en el extremo superior de las vías respiratorias, mientras que en torno al 15 % se deriva de problemas neurológicos o circulatorios, y solo un 5 % tiene que ver con la presencia simultánea de las variedades anteriores.

Síntomas de la apnea

La apnea del sueño suele ser fácil de identificar, pues presenta signos muy evidentes que no concuerdan con los asociados a otros tipos de enfermedades. Sin embargo, todos ellos pueden hacerse presentes en la AOS, la ACS y la AMS, por lo que la determinación del tipo de condición específica que se padece deberá ser llevada a cabo a través de estudios médicos. Entre los elementos que permiten sospechar la presencia de estas alteraciones, tenemos:

  • Presencia de ronquidos de intensidad variable.
  • Sensación de sequedad bucal al despertarse.
  • Dificultades para conciliar el sueño o mantenerse dormido.
  • Aumento de la somnolencia en horas del día.
  • Cefaleas (dolores de cabeza).
  • Disminución de las capacidades cognitivas (concentración y memoria).
  • Cansancio y mal humor.
  • Respiración entrecortada o que se detiene por varios segundos o minutos.

Consecuencias de la apnea

La apnea puede incidir negativamente en la calidad del sueño de quienes la padecen, puesto que hace que se despierten sobresaltados y les resulte difícil volver a dormirse. Debido a ello, es probable que estas personas no cuenten con la energía necesaria para llevar a cabo ciertas actividades rutinarias y que les cueste concentrarse adecuadamente, así como que su memoria se vea muy afectada.

Otra de las esferas de nuestra vida a la que puede afectar dicha enfermedad, es en la aparición de hipertensión arterial. Se trata de hipertensión de tipo crónico, que afecta a los vasos sanguíneos y genera importantes problemas cardíacos, así como accidentes cerebrovasculares (ACV) o daños en otros órganos y/o tejidos. Se estima que cerca de un 80 % de personas con hipertensión grave padecen de apneas.

Así mismo, a través de varios estudios se ha determinado que existe una estrecha relación entre la presencia de dichas interrupciones respiratorias y la prevalencia de tumores cancerígenos. En este sentido, es oportuno indicar que se ha constatado que dichas formaciones malignas se comportan de modo más agresivo en quienes presentan la referida alteración respiratoria.

¿Cuáles son las causas de la apnea?

Las causas tras las apneas del sueño pueden ser muy diversas, pero por lo general suelen deberse a las formas y tamaños de los músculos que intervienen en la respiración, que vienen determinados en el individuo por factores genéticos. A veces, la morfología de estos tejidos puede alterarse circunstancialmente por la presencia de alguna enfermedad, generando apneas transitorias

Por otra parte, se ha indicado que las personas obesas y con sobrepeso suelen padecer los síntomas de esta condición con más frecuencia. Esto ocurre porque el exceso de peso ejerce una presión importante sobre la caja torácica, limitando que se expanda para albergar una mayor cantidad de aire. Además, quedan disminuidas las capacidades de las vías respiratorias superiores.

Algunos medicamentos podrían generar o empeorar algunos tipos de apneas. De hecho, se han vinculado algunos fármacos sedantes, hipnóticos y opiáceos con un mayor nivel de relajación de los músculos relacionados con la respiración, haciendo que estos impiden un suministro regular de oxígeno a los pulmones.

La estructura maxilofacial también puede representar un papel trascendental en la aparición y la perdurabilidad de estas dificultades respiratorias. En algunos casos, las alteraciones en la forma del paladar pueden derivar en una presión importante sobre las fosas nasales, haciendo que sea difícil respirar por esa vía.

Como ya se ha comentado más arriba, se ha comprobado que las apneas centrales del sueño se producen por la afectación del sistema cardiovascular. Este punto se suele relacionar con la disminución de la entrada de oxígeno, con enfermedades como tumores o infecciones virales cerebrales, ACV, enfermedades respiratorias crónicas e insuficiencias cardíacas, entre otras.

Tratamiento para la apnea

En el proceso de elección de las medidas terapéuticas que se requieren para mitigar los síntomas o resolver las apneas deben tenerse en consideración los orígenes de la enfermedad. Solo al conocer las causas podrá actuarse de modo efectivo para evitar su reaparición o las complicaciones que pueden surgir de estas: 

Cambios en el estilo de vida y hábitos

Entre las medidas que más a menudo se recomiendan para disminuir la presencia de obstrucciones respiratorias durante el sueño se encuentran los cambios en el estilo de vida y en los hábitos del paciente. Por lo general, suele ser conveniente que las personas con sobrepeso adopten dietas u otras medidas que les ayude a mantener sus tallas ideales, así como que se modere la ingesta de alcohol, que se disminuya el consumo de tabaco y que se realice ejercicio físico.

Aparatos de CPAP

El tratamiento más común y el que suele garantizar mejores resultados, a la vez que resulta menos invasivo, consiste en la utilización de dispositivos que ejerzan presión positiva continua sobre las vías respiratorias (CPAP, por sus siglas en inglés). 

Lo anterior se logra al emplear una mascarilla que emite una corriente de aire que pasa por la tráquea y llega hasta los pulmones, manteniendo este trayecto despejado en todo momento, lo que fomenta una respiración adecuada.

Cirugía

En algunos casos, la obstrucción presentada se debe a alteraciones significativas en los componentes anatómicos de la cara, vías respiratorias o elementos bucodentales, las cuales no se pueden resolver a través de los tratamientos reseñados en los apartados anteriores. En este caso, es probable que deba aplicarse algún tipo de cirugía para extraer partes de los tejidos involucrados o reubicar determinadas estructuras.

En todas las fases previas a la cirugía, así como cuando ella se ejecute, y en la fase de recuperación, podrán participar especialistas de varias disciplinas para conseguir un abordaje más holístico y efectivo.

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